sábado, 24 de diciembre de 2016

        FELIZ  Y SANTA NAVIDAD A TODOS
                   LOS  APÓSTOLES  DE  LA CRUZ GLORIOSA          



Se está acercando la Santa Navidad (1997)
          
He procurado no dejarme atraer mucho por las “luces” del mundo. Siento una gran necesidad de estrechar a Jesús y, gracias al Espíritu Santo, que siento vivísimo, consigo, “renqueando”, rezar completas las tres partes del Rosario.
        Me despierto cada noche sobre las 3,30 (a la misma hora en que tuve en África un sueño y que es ahora cuando lo entiendo) y en esta duermevela inicio los misterios de gozo. En el sueño la “Mamá” me había mandado de Medjugorje dos Rosarios: uno blanco y el otro rojo, como al Padre Maximiliano Kolbe. Más adelante me explicaron el significado: pureza y martirio. ¡ He aceptado los dos!
       ¡Pero no consigo imaginarme al pequeño Jesús! Ante mis ojos discurren imágenes del Calvario. Las tres cruces negras se recortan sobre un cielo oscuro. Una voz dulce y triste a la vez repite dentro de mí: “Todo se ha cumplido”. Dentro de mí siento como un lamento desgarrador: ¡es el sufrimiento de mi Jesús! Oh dulce Señor mío, una vez más sufres porque ha sido inútil. El mundo continua alocado hacia su autodestrucción y ¡Tú naces de nuevo en este sufrimiento!
        Jesús tiene el mundo entre sus manos: es un pequeño mundo y llora. ¡Llora por esta humanidad que ni siquiera ahora en Navidad siente su ternura! Durante tres días he vivido con Él este sufrimiento (nunca me había sucedido), sin saber como aliviar su pena.
       Quise exponerlo a un sacerdote pero aquellos días estaban muy ocupados con su trabajo pastoral. Sentía la necesidad de un abrazo... Sentí una gran soledad que me unió a Jesús en Getsemaní y... ¡vi aquella Piedra
Santa rodeada de demonios azuzando a Jesús! ¡Su sudor de sangre era lo único que les impedía hincarle los colmillos!
       Jesús, ¿por qué me haces ver estas cosas? Perdona, Jesús, perdona; perdona y dime ¿qué puedo ofrecerte yo, tu hormiguita? Sabes que no tengo nada, que no tengo más que la nada (siento tanto la falta de unión, que Jesús quería, como el sufrimiento de Jesús por ello). Una mañana, en el rezo del Santo Rosario, al llegar al “ruega por nosotros pecadores” del Avemaría, me quedo como parada. No consigo orar, sólo contemplar: María toma al Niño del pesebre, lo abriga y lo pone entre mis brazos. En la gruta brilla una luz paradisíaca y san José sonríe. Qué gozo y temor a la vez: el Hijo de Dios en los brazos indignos de su hormiguita. Quiero besarle la mejilla cuando advierto que en la frente hay una mancha de sangre en la cual se ve como un agujero.         Observo el cuerpecito desnudo y veo lo mismo en el pecho, en sus manitas y en sus piececitos. No sé como describir lo que he visto pero... más que mis ojos, llora mi corazón. ¡Cubro de besos... a mi pequeño Jesús... mi Dios!
         A continuación he dicho a mi Dios recién nacido: “¿Quieres entrar en mi corazón aunque en estos días esté sangrando? ¡Sangra pero es cálido!” Y le doy entrada en mi corazón y le prometo: “Mi pequeño, prepararé un almohadón de amor y un cobertor de ternura para calentarte”. Lo estrecho dentro de mí, mientras María me saluda (hace mucho tiempo que no la veía saludarme de esta manera): “¡Bendita tú entre las “mujeres” de tu tiempo!” “¡Sí, María!” ¡Cuánto confías en mí, María! ¡Confía este pobre corazón a Dios!
         Jesús, se adormece y los moratones me parecen algo menos visibles y pienso: sólo acercándonos a Él, teniéndolo cerca, podemos comprender el misterio de su Encarnación: ¡especialmente en Navidad!... 
         ¡Y me desvelo, por decirlo de alguna manera, vuelvo a la realidad, y continúo mi Rosario! Esta imagen y esta sensación me han acompañado hasta el comienzo del nuevo año. ¡La Gracia me ha mantenido fiel a rezar los tres Rosarios cada día! Ahora Jesús se me representa desnudo en el pesebre. Y su cuerpo está morado de frío. María y José, en la gruta, están sentados a su derecha. Les observo sorprendida y ellos, sonriendo, me invitan a que tome al pequeño Jesús.  Con temor y reverencia me inclino sobre las pajas y siento el frío que
desprende el Pequeño. Lo abrazo y aunque no aparezcan las señales que le harán los clavos, siento todo el frío del mundo. Lo beso y le abro de nuevo mi corazón para acogerlo y le susurro: “Ven, Jesús, pero perdóname. Quisiera darte un corazón suave, suave pero sé que notarás por debajo de Ti algunas punzadas”. Entonces siento esta increíble respuesta: “¡Y tu mamita mía, ofrécemelas como juguetes, de manera que,  entreteniéndome, Yo pueda hacerlas desaparecer para siempre!” En aquel momento lo sentí como “mi hijo” que me hubiera dado María. ¡Me sentí mamá de mi Jesús! ¡Esto es pura gracia! “Oh pequeño Jesús, ¡qué sabio eres! Te lo ofrezco todo: mejor todavía: tómalo Tú sin pedírmelo!...” Cómo puedo describir adecuadamente estos momentos... ¡No hay manera humana de hacerlo! Amén ¡Aleluya!
         ¡Gloria a Dios en lo alto del cielo y paz en la tierra! Y Jesús Niño vuelve a adormecerse, calentado en mi pobre (más que la gruta de Belén) corazón!
        Cada imagen es para mí una catequesis de mi Maestro. Lo que me llama poderosamente la atención es la invitación de María a no temer a Jesús, a ofrecerle a Él, con humildad, nuestro corazón. Sí, Jesús, para Ti, Dios, es realmente un juego de recién nacido destruir nuestros males cuando estamos dispuestos a entregártelos. Tú sabes, de siempre, que en el corazón del hombre hay a la vez cosas buenas e imperfecciones y sin embargo no desdeñas entrar en él.
         Jesús, estoy muy, muy conmovida y no quisiera salir nunca de estos momentos de pura y gratuita gracia.
¡Te beso todavía ahora, mi pequeño Niño! En este momento particular, como lo he apuntado antes, siento la
ausencia de todos aquellos a quienes Jesús quiso unirme espiritualmente. Y siento que algo falla: hace dos años Jesús nos llama a realizar un proyecto y actualmente no sé más: ¡antes al menos se hablaba de ello! Ahora hay un silencio total, como si Jesús no hubiera hablado nunca; sin embargo... cuántas imágenes y cuántas palabras nos guiaban. ¿Somos como los Reyes Magos que, de pronto, perdieron la estrella? ¿Se trata de una prueba? ¡No obstante ellos continúan creyendo y... han visto!
          Estoy llorando en mi corazón y me vuelvo a Jesús y... Lo veo muy triste. Es como si Jesús hubiera “tirado la toalla”, tan triste le veo. Le pregunto: “¿Jesús, no tienes intención de llamarnos?” Pero Jesús no responde y ¡siento en mi interior como una puñalada!
          Nunca había sufrido tanto como ahora y me doy cuenta, más que nunca, de que este proyecto es completamente suyo. ¡De ser mío, no sufriría de esta manera! Hace tiempo el Sacerdote me preguntaba si Jesús continuaba hablándome de la unión de los cinco; yo le respondí que sí. Pero añadí enseguida que los dejaba libres de aceptarla o rechazarla.  ¿Ya no es así, Señor mío? Si es por mi causa, Dios mío, dime donde he fallado y, con tu ayuda, lo remediaré. No te canses de nosotros si nos has llamado en favor de nuestros hermanos. Cúranos una vez más para llevarles sanación.
             A continuación me entra una fuerte tentación. Quizás a ellos no les importa nada, quizás ellos están bien sin necesidad de realizar esto, porque no comprenden tu mirada. Oh Jesús, ¿por qué? ¿por qué? ¡perdónanos! 
            Entonces Jesús me muestra su mano y me hace ver, escritos sobre sus dedos, nuestros nombres: sobre el dedo meñique el mío. A continuación se desprende el dedo meñique y me dice: “¿Te parece que mi mano es completa? Cuando falta, aunque sea una pequeña parte de mis dedos, mi mano sufre. Yo soy la mano y
vosotros los dedos. Una mano sin dedos no puede llamarse mano. ¿Sois conscientes que formáis parte de Mí? ¿Y vosotros, los dedos, qué podéis hacer solos cuando estáis separados?
           Entonces, Jesús, ¿nos sigues llamando? Te ruego lo hagas, Jesús; ¡pero no como yo quiero sino como quieres Tú! Jesús, si les hablas, ellos Te escucharán. Háblales al corazón, Jesús.
          Te ruego y Te ofrezco este sufrimiento mío: a fin de que podamos ser “tu proyecto.”  Amén.

martes, 6 de diciembre de 2016

La Cruz Gloriosa




                                                                                                   22 de abril de 1998, Miércoles

     Durante la Santa Misa, el Espíritu me concede esta imagen vivísima y profundamente profética:
Veo, en mi corazón, una colina sobre la cual se levanta una cruz con Jesús muerto. El cielo tenebroso. Relámpagos y truenos pavorosos caen sobre esta colina.
     A continuación el Espíritu me hace notar las particularidades de esta Cruz: desde cualquier punto que la observe, el cuerpo de Jesús está de cara. Nunca se ve de lado ni de atrás, siempre de cara.      Es como si Jesús quisiera dar verdadero testimonio de su muerte por nosotros en todas las direcciones. Es como si de la Cruz del Calvario, Jesús quisiera, con su Sacrificio, abrazar a todo el mundo, en un único abrazo de amor universal.
     No es nada fácil explicar todas estas cosas.
     Después, poco a poco, es como si un fuego interior, una luz, naciese de la Cruz e inflamase aquella colina.  Como si todo reflejase esta luz.
     En seguida, cada vez más claramente, se recorta una Cruz inmensa,  Gloriosa. 
     Jesús ya no está sobre la Cruz.
     ¡Él, Él mismo es la Cruz!
     Me atrevería a decir: la Cruz es Persona, es Él mismo Vivo.
     Esta Cruz tiene estas características: puede verse a la vez
desde el norte, el sur, el este y el oeste.
     La Cruz está de frente desde cualquier punto que se la observe.
     ¡Se trata de algo misterioso y milagroso!         


          Este es el texto de Ángela.  

          Cristo triunfará por medio de la Cruz Gloriosa, Cruz de Amor y Misericordia.

          A la vez triunfará por medio del "Corazón Inmaculado de María". como dijo en Fátima
      
         Nuestra colaboración debe ser  una vida Eucarística y de adoración:  la Eucaristía es Jesús; nosotros debemos ser tabernáculos vivientes.

          Nuestra Oración el Santo Rosario y la Coronilla del Amor
       
          El Señor es especialmente generoso cuando la rezan los niños y especialmente sensible cuando se reza por los enfermos, del cuerpo o del alma.  Más aún rezándola ante el Santísimo Sacramento expuesto solemnemente.


                                                                              22 de abril de 1998, Miércoles

     Durante la Santa Misa, el Espíritu me concede esta imagen vivísima y profundamente profética:
Veo, en mi corazón, una colina sobre la cual se levanta una cruz con Jesús muerto. El cielo tenebroso. Relámpagos y truenos pavorosos caen sobre esta colina.
     A continuación el Espíritu me hace notar las particularidades de esta Cruz: desde cualquier punto que la observe, el cuerpo de Jesús está de cara. Nunca se ve de lado ni de atrás, siempre de cara.      Es como si Jesús quisiera dar verdadero testimonio de su muerte por nosotros en todas las direcciones. Es como si de la Cruz del Calvario, Jesús quisiera, con su Sacrificio, abrazar a todo el mundo, en un único abrazo de amor universal.
     No es nada fácil explicar todas estas cosas.
     Después, poco a poco, es como si un fuego interior, una luz, naciese de la Cruz e inflamase aquella colina.  Como si todo reflejase esta luz.
     En seguida, cada vez más claramente, se recorta una Cruz inmensa,  Gloriosa. 
     Jesús ya no está sobre la Cruz.
     ¡Él, Él mismo es la Cruz!
     Me atrevería a decir: la Cruz es Persona, es Él mismo Vivo.
     Esta Cruz tiene estas características: puede verse a la vez
desde el norte, el sur, el este y el oeste.
     La Cruz está de frente desde cualquier punto que se la observe.
     ¡Se trata de algo misterioso y milagroso!         


          Este es el texto de Ángela.  

          Cristo triunfará por medio de la Cruz Gloriosa, Cruz de Amor y Misericordia.

          A la vez triunfará por medio del "Corazón Inmaculado de María". como dijo en Fátima
      
         Nuestra colaboración debe ser  una vida Eucarística y de adoración:  la Eucaristía es Jesús; nosotros debemos ser tabernáculos vivientes.

          Nuestra Oración el Santo Rosario y la Coronilla del Amor
       
          El Señor es especialmente generoso cuando la rezan los niños y especialmente sensible cuando se reza por los enfermos, del cuerpo o del alma.  Más aún rezándola ante el Santísimo Sacramento expuesto solemnemente.